martes 17.9.2019
 Inicio   Economia   Internacionales   Informacion General   Mujer   Tecnologia   Salud 

Informacion General
Límites: la reja que nos mejora (I Parte)
 
LA RIOJA (Especial por el Profesor Alejandro Pulquillanca).- Cuando se inauguró la Torre Eiffel, el recorrido se realizaba por escaleras en algunos trayectos, en cada piso que se subía había una reja que protegía a los que subían por las misma, y otra reja que estaba en cada nivel, separando ese nivel del paisaje.

El propósito era obvio, que la gente no corriera peligro y pudiera caer. Cerca de ese tiempo subió un grupo de jóvenes, los cuales al llegar a cierto nivel de la torre mirando al vacío por medio de la reja que los protegía, empezaron a empujar la reja, a moverla una y otra vez, cada vez con mas fuerzas, la misma estaba firmemente aferrada a la estructura pero fue tanto lo que insistió este grupo con vencerla, que al final de tanto empujarla la vencieron cayendo la reja al vacío; el problema es que junto con la reja, cayeron los jóvenes también.

Esta historia, nos muestra la importancia de la reja; la reja era el límite entre lo seguro y el vacío, entre la vida y la muerte: También nosotros debemos tener límites, son la línea entre el respeto y el descontrol.
Qué importante es cuidar los límites que nos den; de no intentar permanentemente vencer cualquier limite que se nos imponga porque esos límites son para cuidarnos, la reja nos protege.

Mi vida es mía pueden decir muchos, puedo hacer lo que quiera con ella, pero cuando tu vida y tu falta de limites afecta a otros, deja de ser solo tu vida, por eso cuando nos colocan un cartel con límites de velocidad, es para que nos cuidemos los que manejamos y cuidemos a los que cruzan la calle para que no les hagamos daño.

Si el límite es 0,5 para un test de alcoholemia, y estás en 1,5 superaste el límite y no puedes manejar porque podes matar a otro o matarte vos mismo y no se trata de mas controles de tránsito, que son buenos y nos hacen falta, el tema es que muchos cuando pasan el control, después una cuadra se quitan el casco, y no entendemos que el control es para que respetemos, aprendamos de límites y al mismo tiempo nos cuidemos.. Mis alumnos se ríen porque algunos no se quieren colocar el cinturón porque les arruga las camisa, otros porque los despeina, y yo les digo: Mejor arrugado pero vivo, que planchado y muerto.

Estamos viviendo una época en que las generaciones nuevas se están gestando en un ambiente sin límites, para ellos es normal ver a sus mayores que no respetan los límites que se les piden, y por supuesto cada uno tiene una excusa para no respetarlos, en lugar de corregir a los que no respetan los límites, se nos pide que entendamos por qué lo hace y que debemos ser considerados con este tipo de personas, ya que su problema personal al parecer lo habilita a hacer lo que le dé la gana.

Con esta excusa deberíamos hacer límites de manera individual, lo cual es una utopía, porque todos pisan la raya y no podemos justificar a cada persona. Jamás se nos hubiera pasado por la cabeza de niños, agredir o faltar el respeto a nuestros docentes, los respetábamos y no porque fueran perfectos; hoy no solo les faltan el respeto los alumnos, sino que hasta los padres lo hacen, ya no es noticia que alguna docente sea agredida por alguna madre enojada, que la agrede verbal y físicamente.

A mi generación (aclaro que soy un viejo de 47 años) no se nos dejaba decir malas palabras delante de nuestros padres, menos delante de una mujer, las damas hacían que los jóvenes nos midiéramos con nuestro lenguaje; algunos ni sabemos lo que es tomarse un vino delante de nuestros viejos.

Recuerdo con claridad a mi madre durante mi adolescencia, esa etapa tan especial cuando uno cree que sabe todo, cuando empezaba a levantarle el volumen a mi voz cuando le hablaba, su frase era: “Te estas pasando de la raya”, dándome a entender que ya estaba al borde de cruzar la falta de respeto, y cuando no lo entendía ella era muy práctica, te daba un buen correctivo y con eso reforzaba la idea, por ende yo entendía con facilidad lo que me volvería a pasar si le faltaba el respeto a mi madre.

Mi esposa ayer llegó de viaje y viajó de día casi siete horas en colectivo: Me contó que fue uno de los peores viajes que había realizado, porque detrás de ella venia una madre con dos hijos, una nena y un varón de 8 años y 9 aproximadamente, durante todo el viaje se portaron mal, se gritaban, se peleaban, le gritaban al chofer para que cambiara la película porque no les gustaba, pero eso no fue todo, como broche de oro se pusieron a insultar a la madre con adjetivos malintencionados y malas palabras.

La madre, con cara de vergüenza, trataba de poder contenerlos por siete horas; la situación se hizo un poco más grave ya que hasta el ayudante del chofer le pidió a la madre que tratara de controlarlos, ya que después se empezaron a golpear, luego de insultarse entre ellos, después se acostó en el piso en medio del pasillo, no dejando que nadie pudiera pasar por allí, me encantaría pensar que son casos aislados, pero los he visto mas de una vez en la cola del supermercado o en la escuela, cuando un niño pequeño le exige a su joven madre que le compre algo, y al encontrar la negativa, le hace un escándalo, de gritos, llantos y amenazas. Mi esposa me decía: “Qué bueno que mis hijos no me hicieron esto nunca, pero el tema es que siempre les pusiste límites”.

Los límites nos cuidan y cuidan al resto de las personas con la que vivimos, por diversos motivos suelo ir con frecuencia a Chile. En uno de esos viajes mientras caminaba, llegué a una esquina donde habían sendas peatonales, yo me quedé quieto esperando que los autos pasaran porque no había ningún semáforo, un amigo que tengo allá me miró y se dio cuenta de mi postura (yo no cruzaría… mi instinto de supervivencia me lo decía) y me dijo “fíjate lo que pasa cuando pisas la línea blanca” yo pensé que estaba loco, que alguno me pisaría los pies con la rueda, como no me animé, el lo hizo, y pasó algo increíble, los autos se empezaron a detener, yo me apuré a pasar, pero mi amigo lo hizo con todo su tiempo, nadie lo insultaba, ni le aceleraba el auto, porque los límites lo cuidaban a él, y era respetado por los conductores, que cuidaban a los peatones.

Posiblemente se dieron cuenta en ese aspecto que los límites son buenos y los ayudan a vivir en armonía. Hoy en lugar de empujar la reja, ¿no sería bueno que respetemos los límites que tenemos? Posiblemente alguien nos imite y con eso ya viviremos mejor.


 

Agrandar Texto
Achicar Texto
Enviar por mail
Formato de Impresión

 

 


Agrandar Texto
Achicar Texto
Enviar por mail
Formato de Impresión
 
 
Copyright © 2009 La Rioja a Pleno - Todos los derechos reservados.