martes 16.10.2018
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Salud
¿Cuál es el peligroso secreto que esconden los alimentos reducidos en grasas?
 
Es cada vez más común encontrar las góndolas de los supermercados llenas de alimentos reducidos en grasa. Como el interés por cuidar la salud y la dieta ha aumentado, las diferentes marcas han comenzado a incluir esta variante interesante.

¿Aceite vegetal o grasas saturadas?

Al quitar las grasas de los alimentos, los productores buscaron sustitutos. La forma más sencilla fue modificar la estructura del aceite vegetal. De este modo, el aceite vegetal se convirtió en un sustituto de la grasa animal. Suena saludable, ¿verdad? Pero hay un detalle. 

Lo que hicieron fue hidrogenar el aceite vegetal a altas temperaturas. De esta forma, el aceite se solidificó. Para los productores, esta medida era beneficiosa: no solo evitaban la grasa animal, sino que también reducían los costos de producción del alimento. Pero este no fue un buen cambio para la salud del consumidor.

A través del hidrógeno, el aceite de origen vegetal se convierte en una grasa trans, que son las que debemos evitar. Son aquellas que se adhieren al cuerpo, aumentan el peso corporal y disparan los niveles de colesterol. Son las más difíciles de eliminar.

Si bien en la etiqueta de los productos dice que los alimentos están elaborados con aceite vegetal, esta información es inexacta. El origen del aceite es vegetal, es cierto, pero se convirtió en una grasa saturada. En otras palabras, es un aceite vegetal, pero transformado en una grasa dañina. 

De acuerdo al canal británico Good Food, en un artículo avalado por la terapeuta nutricional Kerry Torrens, esto es perjudicial para la salud cardiovascular, en la medida en que aumenta el colesterol.

El rol del azúcar

Para sustituir a la grasa, los productores también añadieron azúcar, que les permitió conservar en sus productos la textura y el sabor que los caracterizaba. De esta forma, los productores evitaron usar la grasa animal, pero la cantidad de calorías del producto era similar o incluso superior al del producto original. 

Además, si bien en estos alimentos se restringe la grasa, el azúcar, en combinación con los carbohidratos, despierta el apetito. Por otro lado, la rápida digestión de estos alimentos eleva los niveles de azúcar en sangre. 

Debemos consumir grasas: ¿cuáles?

Muchas personas creen que, si quieren quemar grasas, deben dejar de consumir grasa. Pero el secreto no es evitarlas a toda costa, sino mantener una dieta equilibrada. Todas las personas necesitamos grasas. Pero no de cualquier tipo.

Las grasas saturadas NO

Las grasas saturadas no son beneficiosas para el cuerpo. Como el organismo no las utiliza, se acumulan, elevan el peso corporal y obstruyen las arterias. Entre ellas, están las grasas saturadas comunes. Estas se obtienen del aceite de palma, del aceite de coco, del queso, de la mantequilla, de la carne grasosa y de la leche entera. 

De acuerdo a los nutricionistas, hasta un 10 % de la dieta puede ser grasa saturada sin que ese sea un problema.

Las grasas trans

Además, entre las grasas saturadas, están las grasas trans, que casi no se encuentran en alimentos naturales, sino en alimentos industrializados. Hamburguesas, galletas, pizzas y snacks salados son solo unos ejemplos de ellos.

Las grasas insaturadas SÍ

A diferencia de las grasas saturadas, trans o hidrogenadas, las grasas insaturadas son necesarias. De acuerdo a los nutricionistas, un 30 % de la dieta puede ser de grasas insaturadas.

Grasas monoinsaturadas

Las grasas monoinsaturadas son beneficiosas para la salud en tanto son las responsables de combatir los efectos de las grasas saturadas. Contribuyen a evitar obstrucciones arteriales pues combaten el colesterol. Además, son grandes aliadas para evitar la diabetes y promueven la absorción de vitamina E. 

Estas grasas buenas se encuentran en el el aceite de oliva, el aceite de canola, el aguacate y la granola.

Grasas poliinsaturadas

Las grasas poliinsaturadas también son necesarias para el cuerpo. Los beneficios son bastante similares a los de la grasas monoinsaturadas. Brindan energía y, como el cuerpo no las produce naturalmente, deben incorporarse a través de la dieta. 

Este tipo de grasa poliinsaturada se encuentra en el aceite de cártamo, el aceite de girasol y el aceite de maíz. Además, está presente en nueces y en el salmón. Aquí es donde se encuentran los famosos omega 3 y omega 6. 

En resumen, no todos los alimentos libres o reducidos en grasas son tan buenos como sus etiquetas nos hacen creer. Lo ideal es evitar alimentos industrializados y sustituirlos por alimentos naturales. Básicamente, comer «alimentos de verdad» y no chatarra. Incluso aunque la chatarra sea «reducida en grasas».


 

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