lunes 20.11.2017
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Economia
Aumenta la importación de "fierros" pero no todo es para la industria: crecen vehículos, celulares y notebooks
 
El Gobierno celebra el salto de las compras al mundo englobadas en el rubro "bienes de capital", que suele estar asociado a la ampliación de la producción. Sin embargo, el mayor dinamismo lo están teniendo las pick-ups, las computadoras y equipamiento para obra pública. ¿Es suficiente?

Con el ojo puesto en la carrera final hacia las elecciones de octubre, en el Gobierno hay un empeño casi obsesivo por mostrar que la economía avanza en la senda definitiva de la reactivación.

Los números publicados por el Indec avalan parte de esa argumentación: en julio, la industria y la construcción exhibieron tasas interanuales de crecimiento significativas, de casi 6% y 20%, respectivamente.

Otro indicador que es mirado de cerca y festejado por Cambiemos es el que está vinculado con la importación de bienes de capital. 

Es decir, "fierros" que en teoría llegan para ampliar la capacidad del "Made in Argentina". 

En medio de los continuos reclamos por parte de organizaciones sindicales en relación con el aumento de la entrada de artículos de consumo, que compiten directamente con la industria nacional –con calzados y textiles a la cabeza-, en el Gobierno muestran con entusiasmo el dinamismo de este gran rubro. 

No es para menos: la entrada de productos bajo la categoría "bienes de capital" se disparó en julio casi 55% en divisas, unos 35 puntos por encima de los artículos de consumo. 

Además, si se toman los siete primeros meses del año, acumuló un alza del 22%, en términos de divisas. 

El entusiasmo oficial radica en que es el segundo rubro más dinámico luego del de los autos, que viene con el acelerador a fondo a causa, principalmente, de la crisis y el sobrestock de 0Km que hay en Brasil. 

Sin embargo, algunos economistas alertan sobre la "calidad" de las importaciones que entran en esa gran "bolsa" llamada bienes de capital. 

En este sentido, advierten que al mirar la "letra chica" y analizar la composición de las mismas, queda de manifiesto que una buena parte de lo que está ingresando al país bajo ese concepto, en realidad no está destinado a darle impulso al "Made in Argentina", al menos de manera directa. 

“El avance en las importaciones de bienes de capital no es la manifestación de un proceso generalizado de aumento de la inversión, sino que, por el contrario, se limita a un número reducido de productos que no necesariamente implican una ampliación de la capacidad productiva del conjunto de la economía”, señala en un informe la economista Paula Español, directora de la consultora Radar. 

¿Qué está ingresando? 
Al analizar los datos, se observa que en total, bajo el gran rubro denominado bienes de capital, se realizaron importaciones por u$s7.900 millones entre enero y julio. 

Esto representó unos u$s1.430 millones más que en igual lapso de 2016 (alza del 22%). 

Sin embargo, al desagregar las cifras, los sectores más dinámicos son aquellos que no necesariamente están vinculados con el aumento de la producción, aunque sí pueden tener un impacto positivo en la mejora de la competitividad y la productividad. 

Según un análisis de Radar, en lo que va del año, el aumento de esta categoría estuvo explicado, en gran medida, por la mayor entrada de pick-ups, autopartes, notebooks, celulares y material ferroviario.  

Según la consultora, sólo estos cinco ítems aportaron un crecimiento de casi u$s1.000 millones, equivalente a cerca del 70% del incremento total de los bienes de capital

Como contrapartida, aquellos rubros que sí están vinculados con ampliación de capacidad instalada y la producción fabril (como maquinarias para aplicaciones industriales, compresores, motores y bombas), no sólo no subieron sino que cayeron y le restaron u$s100 millones a la expansión de los "fierros" (ver cuadro). 

Según Español, esto obedece en gran medida a que el nivel de utilización de la capacidad instalada todavía es bajo, "como consecuencia de la persistente caída de la actividad manufacturera". 

 

Según el INDEC, este indicador llegó al 67% en junio –último dato disponible-. Y si bien se ubicó 2 puntos por encima del mismo mes de 2016, todavía está por debajo del pico de noviembre último. 

Además, ramas de actividad que suelen invertir en maquinaria hoy están con una capacidad ociosa importante. Tal es el caso de la industria automotriz (45%), metalmecánica (41%), productos alimenticios y bebidas (35%) y textil (34%).

¿Bienes de capital o de consumo?  
En el caso del rubro automotor, dentro de la categoría "fierros" las estadísticas no incluyen los autos de pasajeros, sino que se consideran las camionetas, los camiones y los ómnibus

Del análisis de Radar se desprender que de cada 10 dólares que se destinaron a la importación de unidades comerciales, 6 fueron para la compra de pick-ups. 

Si bien las clásicas "chatas" están asociados con la producción industrial y agrícola, también es cierto que son modelos que en los últimos años ganaron preponderancia entre los compradores que los eligen como vehículos para la ciudad

Bajo la óptica de Español, parte de las importaciones "no necesariamente implican una ampliación de la capacidad productiva del conjunto de la economía”, al tiempo que compiten y desplazan a bienes que sí se producen en la Argentina

Otra categoría que más aportó a la expansión fue "electrónica", que sumó casi u$s100 millones al crecimiento. 

El punto clave en este caso es que, al echar luz al interior de este rubro, se observa que las notebooks y tablets fueron las grandes protagonistas

Como contrapartida, la entrada de equipos de telecomunicaciones –que importan las empresas para expandir la red de telefonía o de cable- no sólo no aumentó sino que cayó un 1% (-u$s6 millones)

Es decir que gran parte del impulso dado por la industria tecnológica, en general, estuvo explicado por dispositivos que, para algunos economistas, en realidad deberían formar parte del listado de bienes de consumo final. 

 

Sin embargo, desde el Gobierno defienden el argumento de que el abaratamiento de estos equipos y la mayor oferta sí ayudará a mejorar la competitividad de la economía, luego de años de trabas a las importaciones.

Por eso mismo, en 2016 el macrismo avanzó con una eliminación total de los aranceles externos que pesaban sobre las computadoras procedentes del exterior. 

"Con competencia, las Pymes y las familias van a tener acceso a mejor tecnología y generarán nuevos puestos de trabajo", afirmó en su momento el ministro Francisco Cabrera. 

Sin embargo, la crítica que hacen desde CAMOCA, que nuclea a las principales empresas del sector, es que se perdieron más de 2.000 empleos antes orientados a procesos de ensamble, con cierto nivel de valor agregado. Mientras que otros 3.000 puestos de trabajo debieron reconvertirse. 

Marcelo Aloy, gerente de Air Computers, que producía notebooks bajo la marca CX, aseguró que, desde el punto de vista de las aspiraciones de tener una marca local, la medida oficial desactivó todos los proyectos.  

"Hubo una industria electrónica que se vio afectada y esto es un retroceso. Nosotros habíamos hecho una inversión muy grande en el edificio, con temperatura y humedad controlada, y en una línea de robótica de última generación que era capaz de producir desde motherboards hasta tableros para autos. Pero como ya no es posible, está desactivada", explica.

El campo, "motor" clave


En el caso de la maquinaria agrícola, las importaciones hasta julio totalizaron u$s350 millones, casi u$s200 millones más que en igual período de 2016, convirtiéndose así en uno de los rubros que más aportó a la expansión de los bienes de capital. 

 

Este dinamismo, sin dudas, estuvo explicado por la cosecha récord que se registró para la última campaña, la cual, según el Ministerio de Agroindustria, alcanzó las 137 millones de toneladas de granos. 

Esto provocó como "efecto derrame" un fuerte crecimiento en las operaciones de compra de maquinaria agrícola.

En el primer semestre, la venta de equipos en el mercado interno alcanzó una facturación de $14.000 millones, lo que representó un salto del 90% frente a igual lapso de 2016. 

La queja de algunos empresarios es que parte de esa demanda se apoyó en bienes importados. Raúl Crucianelli, presidente de CAFMA, entidad que agrupa a más de 200 fabricantes nacionales, recientemente advirtió por el surgimiento de algunas "luces rojas" debido a la mayor entrada de maquinaria. 

"Después de años de estancamiento nuestro sector está empezando a trabajar bien, pero la importación de equipos afecta al funcionamiento de nuestra actividad", señaló.

"Están afectados los equipos de fumigación y las sembradoras, ya que se ha registrado el ingreso de equipos con crédito otorgado y a valores por debajo de lo que corresponde", aseguró Crucianelli.

Estas declaraciones provocaron la rápida reacción de uno de los directores del Banco Nación, Carlos Castellani, quien afirmó que “no hay ninguna intención de afectar a un sector que tiene muchas fábricas nacionales”. 

Obra pública, hacia arriba 
Dentro del rubro bienes de capital, si hubo un sector que contribuyó a su expansión ese fue el de la obra pública. 

Las importaciones de maquinaria vial entre enero y julio treparon hasta los u$s456 millones, unos u$s253 millones más que en igual lapso de 2016 (+124%). 

En tanto, las compras al exterior de material ferroviario y aeronáutico totalizaron u$s833 millones, u$s160 millones más que en el mismo período del año pasado. 

Según la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), luego de un 2016 caracterizado por una baja ejecución presupuestaria en materia de infraestructura, este año el Gobierno aceleró el nivel de gasto y en el primer semestre volcó a provincias y municipios más de $66.300 millones en concepto de transferencias de capital e inversión real directa, un alza de casi 70%. 

Y desde ese entonces, los desembolsos siguieron creciendo. De hecho, la provincia de Buenos Aires tiene pautadas obras por $4.275 millones en menos de dos meses, de cara a las elecciones. 

¿Es suficiente? 
Hay un viejo axioma que reza que por cada punto que se pretenda que crezca la economía de un país como la Argentina, entonces las importaciones deberán expandirse tres puntos. 

Bajo esas condiciones, se estaría "sobrecumpliendo" la meta. Básicamente porque este año se prevé una expansión del PBI del orden del 3% y las compras al mundo por ahora quintuplican esa tasa. 

Sin embargo, bajo la óptica de la consultora Radar es necesario analizar más la "calidad" de las importaciones que la "cantidad", dado que argumentan que gran parte de lo que está ingresando pasó a competir con la producción nacional

En esta misma línea, el economista Santiago Fraschina, del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav), afirmó que "una mirada superficial podría sugerir que los rubros que traccionan el avance de las compras fronteras afuera tienen que ver con la mejora de las expectativas de los inversores sobre el potencial de nuestra economía". 

Sin embargo, consideró que esta suba "se explica en gran medida por factores como la apreciación del tipo de cambio en la primera mitad del año" y por una reversión de la tendencia del proceso de sustitución de importaciones

Esto generará, según el analista, el mayor déficit comercial de la historia argentina, cercano a los u$s6.000 millones. 

Otros expertos plantean que la fórmula del "1x3" se aplicaría pero sólo en un contexto de "normalidad" y no luego de años en los que las operaciones de comercio exterior estuvieron fuertemente reprimidas

En este grupo se encuentra Marcelo Elizondo, quien planteó que si la Argentina aspira a crecer, entonces habrá que acostumbrarse a mayores importaciones.  

Ese razonamiento lo comparte el analista Miguel Bein, que consideró que la inversión sigue siendo una "materia pendiente" en la Argentina.

Los desembolsos, según el experto, "recién arrancaron de mano de la obra pública o en sectores muy específicos, como el campo y energía". 

Para el experto, la inversión actualmente equivale a 19 puntos del PBI, lo cual "permite crecer no más del 3% anual a largo plazo". 

Frente a esta cifra, Bein consideró que esta tasa no es suficiente como para generar un "efecto derrame" significativo. 

El economista planteó que la Argentina debería aspirar a expandirse a entre 4% y 5% anual. Y, si esa es la meta, entonces la inversión debería trepar hasta representar 24 puntos del producto bruto. 


 

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