domingo 24.9.2017
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Economia - PROFESIONAL
Plazos fijos en baja, escepticismo en alza: la city desconfía del plan de Sturzenegger para mejorar las tasas a ahorristas
 
Economistas y banqueros dicen que si bien la medida de los encajes podría tener cierto impacto en los créditos, dificilmente mejore la tasa de depósitos. Tendría que haber un boom de demanda de préstamos para que los bancos -con menos liquidez- pedan más pesos a los ahorristas pagando una tasa mayor

A veces pasa: los funcionarios imaginan una medida con el objetivo de beneficiar a los consumidores y lo que el público percibe es que esa decisión juega en su contra

Ya ocurrió con los "Precios Transparentes". Y ahora en la city creen que esto podría repetirse con el intento que está haciendo el BCRA para conseguir que los bancos les paguen a los ahorristas un interés más alto por los plazos fijos.

Federico Sturzenegger, preocupado por un nivel de tasas que considera demasiado bajo, lanzó una medida que fue recibida con escepticismo casi unánime.

Concretamente, la de volcarle más dinero a las entidades financieras por la vía de aliviarles sus obligaciones de encajes (parte del dinero recibido en concepto de depósitos pero que deben mantener inmovilizado). 

Muchos analistas creen que, lejos de incentivarlas a pagar más por las colocaciones, esa mayor liquidez podría jugar en el sentido opuesto. Es decir, como un desestímulo a tomar más dinero del mercado.

Pero, además, hay una polémica que es más conceptual. 

Son varios los que creen que en la Argentina la definición de "tasa positiva" no es la misma que en otros países. Especialmente así lo aseguran los veteranos en crisis financieras.

En otras palabras, que el plazo fijo no necesariamente debe proteger contra la inflación sino, más bien, contra la devaluación

Y que, como ese objetivo hoy está cubierto, no hay una presión del mercado tendiente a hacer subir los tipos de interés en pesos.

Para Sturzenegger, es un motivo de preocupación el hecho de que en febrero los depósitos bancarios hayan remunerado un 16,8% promedio, cuatro puntos por debajo del índice de precios esperado por el mercado (20,8%), según la encuesta del mismo BCRA.

El interés que los bancos abonan a sus depositantes es incluso menor que el premio que otorgan la Lebac y los bonos en pesos, de algo más del 22% anual en moneda local.

Es por eso es que Sturzenegger había avisado, días atrás, que no le gustaba lo que estaba viendo. De hecho, en un almuerzo del Instituto de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) advirtió que "el nivel de tasas de plazos fijos de los últimos meses se ubicó un tanto bajo para nuestro gusto".

Renglón siguiente, adelantó la medida que lanzó el jueves pasado: "El BCRA impone una suerte de impuesto a los bancos a través de los encajes bancarios. Quizás va llegando el momento de empezar a transitar un camino de reducción paulatina (…) para permitir una mayor tasa de los depósitos".

Dicho y hecho: el funcionario propoció una baja del 2% que, en la práctica, libera unos $30.000 millones para que los bancos -en teoría- presten más.

Esta reducción aplica sobre toda la curva de depósitos: del 22% al 20% en aquellos que son "a la vista" y del 16% al 14% en plazos fijos de corto plazo.

La medida, en principio apunta a lograr:

-Una convergencia entre las tasas pasivas del sistema.

-Un achicamiento de los spreads (diferencia entre la tasa a la que prestan las entidades y la que abonan por una colocación bancaria).

Un problema de base
Los billetes físicos que están en buen estado deben circular en la economía (e impulsar el crédito) mientras que los papeles viejos tienen que llegar desde los bancos al BCRA para su salida o reemplazo.

Bajo esta premisa, en los últimos meses la entidad dejó de recibir los primeros (en buen estado) al tiempo que creó un mercado para que las entidades se presten entre sí, si bien aún no está del todo desarrollado.

Como consecuencia de este freno, el circulante en poder de los bancos se incrementó $18.500 millones sólo entre febrero pasado y diciembre.

Por otra parte, el BCRA tomó nota de la forma en que habían crecido los encajes bancarios totales.

Observó una suba de casi 100% anualizada durante febrero, lo que llevó a que la relación "Encajes vs. Depósitos" trepara del 18% al 28%.

Este fue, precisamente, uno de los factores que hizo que la base monetaria amplia se expandiera a un ritmo récord, el mayor de una década: 47,3% anual durante el mes pasado.

El problema de los "pases pasivos"
Un riesgo que perciben los analistas es que ese mayor flujo de divisas que genera la baja de encajes no vaya a lubricar el crédito sino, más bien, a aumentar las llamadas operaciones de pases pasivos.

¿Qué son los "pases pasivos"? Son transacciones en las que el BCRA le vende a los bancos títulos o bonos (en pesos o dólares), para recomprar días más tarde una cantidad determinada y a un precio ya convenido.

La diferencia entre el precio de venta y el de recompra es, justamente, la que define la tasa de interés.

"El dinero inmovilizado y que no se remunera forma parte de los encajes totales", afirman desde la consultora ACM. 

Asimismo, añaden que la medida tomada por Sturzenegger puede llevar a que los bancos compensen esos fondos no remunerados y asociados a mayores costos logísticos colocándolos en pases pasivos que pagan entre 22,75% (1 día) y 24% (7 días).

En otras palabras, al liberarse fondos del sistema por unos $30.000 millones, el efecto inmediato podría ser un incremento de estas transacciones, lo que permite reducir la base monetaria manteniendo el ritmo de expansión del resto de los agregados. 

Para Federico Furiase, del Estudio Bein, se corre el riesgo de que la capacidad prestable de los bancos no aumente tras la baja de encajes, ya que buena parte de ese mayor caudal puede tener como destino final la búsqueda de una renta (pases pasivos).

También ese dinero podría ir a ampliar la masa de créditos. Más que nada los de las líneas de consumo, que vienen rezagados en comparación con los préstamos a empresas. 

Así las cosas, la idea de Sturzenegger -de que a partir de la reducción de encajes los bancos pagarán más por los plazos fijos- lejos está de ser convalidada.

Más aun, entre los analistas y operadores de la city el consenso es insólitamente unánime: que su plan tiene altas chances de fracasar

Más dudas que certezas


Por otra parte, expertos estiman que la iniciativa tomada tendrá, a lo sumo, un impacto marginal en los créditos, que dependen de un sinfín de otras cuestiones. 

 

Un banquero de una entidad privada resumía así su visión: "Es todo muy confuso. Puede ser un gran blooper de Sturzenegger". 

Algunos, incluso, creen que podría terminar siendo -en menor escala- como la fallida medida que anunciara la secretaría de Comercio con los "Precios Transparentes". 

Es decir, que aquello que tenía que bajar de precio lo hizo muy poco y los que no tenían que subir lo hicieron en gran medida. 

Según la mirada de este reconocido banquero, que prefirió mantener su nombre en reserva, "es poco probable que los bancos utilicen esos $30.000 millones para dar más créditos".

"El crédito no crece más porque estamos en una economía que apenas está saliendo de una recesión importante. Hoy son muy pocos los que piden préstamos, y éstos no dependen tanto de la liquidez del sistema sino de que la economía levante", añade.  

Expresa que "podría" darse una baja de tasas de los créditos -si bien no inmediata- pero de ahí a "decir que vamos a pagar más por los depósitos es una mirada un poco ingenua". 

La visión desde las consultoras, incluso varias de ellas muy escuchadas por el propio Gobierno, es muy similar en cuanto al escepticismo asociado con la medida oficial.

Elypsis, firma de dos economistas que actualmente trabajan en el equipo económico, destaca: "Aunque el BCRA considera que la reducción puede mejorar las tasas pasivas, creemos que dicho efecto no es inmediato".

Y remarca que si bien la reducción de encajes podría incentivar una baja de las tasas activas (la de los créditos), esto no necesariamente implica un aumento de las pasivas (la de los depósitos).

En la misma línea, Econviews -la consultora de Miguel Kiguel, economista afín a Sturzenegger- cree que el único efecto inmediato de la reducción de encajes se reflejaría en una baja en el costo de financiamiento de los créditos.

Por otro lado, a contramano de lo que pregona el titular del BCRA, señala que "el aumento de la tasa pasiva (plazos fijos) tendría lugar solamente una vez consumida la liquidez excedente".

"En una primera instancia, los fondos liberados por la baja de encajes serán utilizados para cancelar depósitos, otorgar mayores créditos o invertir en Lebacs o en pases", añade.

En tanto, Furiase cree que para que el sistema pague más por una colocación "se requiere de un aumento sostenido en la demanda de crédito para consumo e inversión".

Efecto colateral
Para el economista Federico Muñoz, la idea a largo plazo de Sturzenegger es desarrollar la intermediación financiera.

Sucede que actualmente el crédito al sector privado no llega a representar 15% del PBI, una cifra irrisoria.

"Tras décadas de inflación, volatilidad y confiscaciones de depósitos, la banca argentina opera casi como un sistema meramente transaccional", afirma el economista. 

Por lo pronto, en el mercado hay serias dudas en el sentido de que Sturzenegger vaya a lograr su objetivo y que, por otra parte, pueda devolverle credibilidad a la moneda nacional como fuente de ahorro. 

Lo que está en juego es, en definitiva, un concepto fundamental: si la "tasa positiva real" que reclama el funcionario se calcula tomando como principal referencia a la inflación o, como muchos afirman, a la devaluación.

Los veteranos de la city aseguran que para que un ahorrista quiera colocar su dinero a plazo fijo en pesos, no necesariamente debe recibir una tasa que supere al índice de precios previsto.

¿Por qué? Sencillamente porque lo que mide es su ganancia en dólares. 

Es decir, aun si pierde contra la inflación siente que "gana" si, al concluir esa colocación bancaria, puede comprar más dólares. Esto es así porque mide su patrimonio en esa moneda.

Esto es lo que explica por qué durante años hubo un volumen relativamente alto de depósitos pese a que la tasa de interés de los mismos corría muy por debajo del índice inflacionario.

La explicación, claro, residía en que el tipo de cambio estaba "planchado". 

Según esta visión, lo que determina la tasa "de equilibrio" de los plazos fijos en pesos es la expectativa de devaluación más un plus por riesgo país. 

Actualmente, esa suma da aproximadamente el nivel de interés que los bancos pagan a quienes realizan una colocación bancaria.

¿Por qué lo hacen al 16% si el mercado cree que los precios subirán un 20%? Precisamente porque la expectativa devaluatoria -según las encuestas entre economistas- está en un 13%. 

De esa manera, hay una tasa positiva, pero en tanto se calcule en dólares.

Los bancos están convencidos de que ese es el nivel de interés que corresponde a los plazos fijos. Es decir, para ahorristas con "mentes dolarizadas" que se darán por satisfechos por mantener o acrecentar su capital en moneda dura.

Y para aquellos inversores que sí aspiren a obtener una renta real en pesos luce más atractivas la Lebac a 30 días (22,75% anual), casi seis puntos porcentuales por encima del plazo fijo y más de uno y medio por sobre la inflación esperada.

Para quienes estén dispuestos a activos más complejos, los bonos con CER arrojan tasas de retorno de 0,5% y el 4,4% por encima de lo que varíe la inflación, mientras que los títulos a tasa variable parten del 21% de rendimiento esperado y llegan al 30%.

En este contexto, la hoja de ruta de Sturzenegger en el sentido de que los argentinos vuelvan a pensar en pesos (con operativo seducción y no por imposición como intentó el kirchnerismo) parece no estar exenta de curvas peligrosas.


 

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