jueves 27.4.2017
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Sheij Feisal Morhell: “Antes de cometer un acto de violencia, el violento ha desarrollado pensamientos extremistas”
 
BAGDAD.- El Sheij Feisal Morhell (primero a la izquierda arriba en la foto), disertó en la Sesión de la Asamblea Mundial de Despertar Islámico, que se realizó en Bagdad capital de Irak, donde el estudioso argentino dijo que “despertar Islámico significa la lucidez amplia y profunda y el esfuerzo por liberar a los musulmanes de sus cadenas intelectuales, políticas y económicas”

Morhell, quien es Secretario General de la Federación Argentina de Entidades Islámicas Yafaritas (FIYAR), habló ante cientos de sabios en la Novena Sesión de la Asamblea Mundial de despertar Islámico, que por primera vez se realiza fuera de la República Islámica de Irán, siendo esta vez Irak el país anfitrión.
 
El erudito argentino expresó que “en otra definición nos llega que: despertar Islámico significa la lucidez amplia y profunda y el esfuerzo por liberar a los musulmanes de sus cadenas intelectuales, políticas y económicas, y movilizarse hacia el progreso y la solidaridad mutua para así devolver la dignidad y el orgullo a cada uno de aquellos que se identifican de alguna manera con esta religión monoteísta”.
 
En otro tramo de su alocución señaló que “los beneficios de ese “despertar” incumben a todos los musulmanes y no son privativos de un grupo específico ni se limita a un tema en particular (como la política y la moral pública por ejemplo), como así tampoco se circunscribe a una región sino que abarcan a todo el mundo, incluyendo por supuesto a América Latina en su respectivo contexto”.
 
“En general el despertar Islámico en América Latina va en paralelo al nivel de conocimiento de los musulmanes acerca de su propia religión y la preservación de la misma”
 
Sobre lo mismo, destacó que “es de destacar que los precedentes de este fenómeno en América Latina son sumamente diferentes de cómo fue y se está dando en los Estados Unidos de América y Europa”.
 
Explicó que “el Islam llegó a América Latina a finales del siglo XIX a través de los árabes inmigrantes mayormente de La Gran Siria (hoy Siria y El Líbano) a causa de las duras circunstancias socio-políticas que padecían en ese momento. Estos inmigrantes llegaron a América Latina, huyendo de una pobreza material que a menudo va acompañada de una pobreza cultural... si bien hubo un pequeño porcentaje de ellos que eran ilustrados”
 
“Las barreras para el desarrollo de un despertar Islámico que existían en el pasado (y al decir pasado me refiero al período comprendido entre la gran inmigración a comienzos del siglo pasado hasta finales de los setenta), se relacionaban a la falta de conocimiento suficiente de los musulmanes acerca de su propia religión y su paulatina absorción por parte de la cultura imperante en la tierra de la emigración, en detrimento de su identidad y tradiciones. Podemos decir que, en un principio, el sentimiento de arabismo, impidió una absorción total de muchos de estos inmigrantes en la cultura de América Latina”.
 
Sobre lo mismo recalcó que “la frágil y limitada familiarización de los musulmanes con sus asuntos religiosos y su fusión con una cultura diferente a la del Islam fueron los factores clave en el debilitamiento de la identidad del musulmán inmigrante”.
 
“En algunos países de América Latina, tales como Brasil y Argentina, donde el número de musulmanes era mayor, se fundaron asociaciones Islámicas que ayudaron a preservar las tradiciones religiosas hasta cierto punto... pero la situación pasaba de mala a peor puesto que las generaciones posteriores se alejaron del idioma de sus antepasados y su cultura permaneciendo en ellos del Islam solo el nombre”.
 
Al profundizar más sobre esta cuestión, el Sheij Feisal Morhell señaló que “sólo en Argentina hay aproximadamente un millón de medio habitantes de raíces Islámicas (considerándose esto un gran número), sólo que la mayoría de los inmigrantes eran jóvenes solteros que se casaron con no musulmanas y eran estas estas madres no familiarizadas con la cultura del Islam quien criaba a los niños”.
 
Al rememorar la gesta de los inmigrantes musulmanes recalcó que “las tradiciones islámicas mayormente fueron preservadas en familias socialmente catalogadas como “extensas” con una fuerte interacción mutua y de de ese “extenso” número de personas con orígenes islámicos sólo permanecieron bajo la denominación de “musulmanes” aproximadamente unas cincuenta mil personas, contándose los comprometidos con la práctica diaria de la religión en tan solo unos cientos”.
 
Hizo hincapié en que con “relación al despertar islámico en América Latina, hubo un punto de inflexión a principios de la década de los ochenta con la llegada de los destellos de luz de la revolución Islámica de Irán”.
 
“Fuimos sorprendidos con la propagación del Mensaje del Islam y de los valores divinos de un modo impresionante. Los descendientes de los inmigrantes empezaron a rezar en las mezquitas, a proliferar la cultura del bendito mes de Ramadán y del ayuno y la gente comenzó a aprender el Islam a través de los libros traducidos al castellano. Finalmente los Sheijes comenzaron a interesarse por difundir el Islam en el idioma del local”.
 
“En muchas familias había niños que aprendían los últimos capítulos del Sagrado Corán antes de comenzar el aprendizaje formal del país (algo que hasta entonces solo sucedía en limitadas familias). De esta manera, los abuelos encontraron en sus nietos lo que pensaban que se había detenido en sus hijos”.
 
Contó que “en los años ochenta se fortaleció la actividad Islámica; se imprimieron libros y revistas y los difusores fueron enviados regularmente a la región. Se organizaron campamentos Islámicos especialmente para los jóvenes en vacaciones de verano siendo los participantes de las diversas escuelas de pensamiento y tendencias Islámicas. Todo ello tuvo una repercusión positiva en las familias consolidando en los participantes su identidad Islámica de un modo decisivo, al punto que hoy en día observamos que la mayoría de los activistas de la labor Islámica tanto sunnis como shias fueron de aquellos que estuvieron involucrados en esos campamentos continuando su interés por difundir el Islam hasta el presente”.
 
Expresó que “tan solo pasados cinco años de la realización de esos campamentos se introdujo una concepción sectaria importada lo cual no tenía precedentes en la región y en definitiva, observamos que en la actualidad hay barreras para el despertar Islámico en América del sur las cuales son diferentes a aquellas de la época de nuestros antecesores. El arabismo ya no es protagonista y en lugar de la influencia del entorno católico, ahora los musulmanes son absorbidos por la cultura libertina occidental; el factor de la ignorancia por falta de medios es cada vez menos admisible y en su lugar el desarrollo del Islam es detenido por el fenómeno del Takfir y la agitación sectaria, la cual alimenta otro factor que es el de la Islamofobia como forma de desacreditar a los musulmanes”.
 
Enfatizó en que “esta distorsión del Islam real ha causado tal efecto en los no musulmanes que incluso algunas hermanas se vieron expuestas al insulto y hasta golpes por el solo hecho de vestir el hiyab y es por ello que, para concretar y fortalecer el despertar islámico en América Latina es menester realizar lo siguiente:
1 - Debemos enfrentar la invasión de la cultural del libertinaje mediante el fortalecimiento de la identidad de los musulmanes y su sentido de pertenencia al Islam así como fortalecer su práctica religiosa. Se debe generar un entorno sano para los musulmanes que les facilite la preservación de su identidad y les proteja de la penetración de las idas libertinas en ellos. Esto podrá tener lugar a través de la actividad difusora sensata y direccionada que considere el contexto cultural de los musulmanes de la región.
2 - Debemos cortar la raíz del takfir y el sectarismo a través de la elucidación a los musulmanes de sus propios principios surgidos de la religión que es “asequible y condescendiente” (como se menciona en las narraciones), poniendo énfasis en los puntos en común y dejando el debate sobre las diferencias al entorno académico apacible y respetuoso”.
 
“Esta es vuestra misión, ¡oh sabios del Islam! –exclamó el estudioso- puesto que incluso el léxico que ustedes usan puede llegar a afectar al común de las personas en cualquier alejada comarca. Es menester hacer hincapié en que estos grupos extremistas no son un “estado” y mucho menos “islámico” en absoluto y se debe condenar a quienes los respaldan”.
 
Analizó en que “antes de cometer un acto de violencia, el violento ha desarrollado pensamientos extremistas. Debemos poner al descubierto a los extremistas y sus patrocinadores ya que una de las consecuencias de las acciones espeluznantes de los grupos terroristas es la inseguridad producto de la Islamofobia de las minorías musulmanas en los países a los que han emigrado. Estos grupos sanguinarios se oponen a los todos los seres humanos de bien y se debe advertir que las primeras víctimas de sus acciones son los musulmanes”.
 
3 - Debemos enfrentar la Islamofobia sobre la base de la norma de “repeler con aquello que es mejor” y “prestar atención a las palabras y seguir la que sea mejor”, así como presentar a las personas las bondades de ese Profeta que “fue enviado como misericordia para toda la humanidad”, así como otros conceptos coránicos y elevadas virtudes de la ética de la Tradición del Profeta (s.a.w.). 
 
“En estos días estamos siendo testigos de otro insulto a la personalidad del Profeta del Islam (s.a.w.) mediante la infame película noruega. Debemos convertir el menoscabo en oportunidad para presentar la persona del Profeta (s.a.w.) y sus más bellas virtudes a los no musulmanes”.
 
Luego de explicar sus propuestas, Morhell aseguró que “todo esto puede darse de la mejor manera a través del fortalecimiento de las relaciones sociales y formales con los gobiernos, el mundo de la cultura y el ambiente universitario, de modo que se nos brinde la oportunidad de mostrar el mensaje Islam y su faz de misericordia”.
 
Sobre esto reiteró que “en la política existen enredos y complicaciones en los que una minoría religiosa sin poder puede verse expuesta continuamente a la imputación; en cambio en los ámbito culturales las puertas están abierta de par en par y mediante el fortalecimiento de las relaciones con los ámbitos académicos, los gobiernos locales y la prensa, podemos enfrentar la islamofobia en la medida de nuestras reales capacidades”.
 
“De esta manera, vemos que para el despertar Islámico existen lineamientos generales comunes a todos los musulmanes y en el plano mundial; que no es sino el retorno al Sagrado Corán y a los valores que emanan de la Tradición del Profeta (s.a.w.)”.
 
Especificó que “la racionalidad y la moralidad de las que goza nuestra religión son un enérgico factor para el despertar, ya no solo de los musulmanes, sino incluso para atraer los pensamientos de todo aquel “que es nuestro semejante en la creación” y tenga un corazón sano”.
 
Sobre América Latina se esperanzó en que “el movimiento del Despertar Islámico debe ser capaz de lograr la unidad entre las comunidades Islámicas de una manera eficaz y convertir las crisis en oportunidad. Finalmente, es así como contribuiremos en la construcción de la civilización Islámica sobre la base de los conceptos del Profeta del Islam, que la paz de Dios sea sobre él y su familia”.


 

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