domingo 24.9.2017
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Internacionales - PROFESIONAL
Un ministro de Brasil hoy le pedirá a Macri que libere el comercio de autos: ¿cuál sería el impacto en Argentina?
 
Golpeada por la severa crisis económica, la administración de Dilma Rousseff está apurada por negociar un acuerdo para intercambiar vehículos y autopartes sin restricciones. El macrismo teme que el cambio provoque una avalancha importadora y un desvío de inversiones. ¿Qué límites se aplican hoy día?

Decidido a sacar a flote la relación política y comercial con Brasil, el principal socio comercial de la Argentina, el Gobierno de Mauricio Macri encaró una estrategia de acercamiento en varios frentes. 

Luego de que en el último capítulo de la era kirchnerista el vínculo con el país vecino prácticamente quedara congelado y hasta lastimado por la escalada de represalias comerciales que se impusieron de un lado y de otro de la frontera, el objetivo del Ejecutivo es relanzar la relación. 

El primer paso lo dio el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, quien viajó a Brasil para mantener una cumbre con su par, Nelson Barbosa, y con el canciller Mauro Vieira. La idea fue comenzar a delinear una agenda en común para llevar a la próxima cumbre del G-20, en Shanghai. 

Sin dudas, todo un avance luego de meses en los que prácticamente ningún funcionario K de alto nivel mantuvo el más mínimo contacto con alguna autoridad del gabinete de la presidenta Dilma Rousseff.

Por lo pronto, las mayores expectativas están puestas en el encuentro hoy en Buenos Aires entre el ministro de Producción, Francisco Cabrera, y su par Armando Monteiro. 

Fuentes cercanas a esta cartera aseguraron a iProfesional que “se trata de un encuentro trascendental, porque será el primer cara a cara entre funcionarios de ese rango”. 

Por el tono de la cumbre, recalcaron, no se trará de una negociación. “Será un acercamiento, un primer encuentro. Pero igualmente es clave, porque no es ni más ni menos que el relanzamiento de las relaciones bilaterales”. 

Entre los temas en agenda figuran la consolidación del Mercosur, la negociación con la Unión Europea y la posibilidad de salir de manera conjunta a la conquista de terceros mercados, especialmente en momentos en que la demanda doméstica en ambos países está flaqueando

Sin embargo, por detrás de esta estrategia de acercamiento entre la administración de Macri y de Rousseff, hay un tema álgido que, de prosperar, amenaza con convertirse en un problema serio para la industria nacional: la presión del gobierno brasileño para liberar el mercado automotor, un sector que desde hace años está regulado por un sistema de cupos. 

Monteiro llegó a Buenos Aires con los ecos de las fuertes declaraciones que realizó para medios de su país, en las que postulaba la necesidad de ponerle fin a las restricciones y lograr una liberación completa para este sector. 

El funcionario de Dilma afirmó que “están dadas las condiciones para avanzar en un acuerdo de libre comercio para la industria automotriz".

Y aclaró que si bien la Argentina durante mucho tiempo "se resistió" a convalidar cambios en el tratado bilateral, ahora el gobierno brasileño confía en “la postura liberal de la nueva administración para cerrar la propuesta”. 

A modo de corolario, y como una forma de marcarle la cancha a los funcionarios macristas, Monteiro concluyó: “Sería una gran decepción no llegar al libre comercio de autos entre ambos países”. 

La visita de este funcionario y sus comentarios respecto a esta rama de actividad llegan en momentos clave, dado que ambos gobiernos deberán sentarse a renegociar este pacto en las próximas semanas, para que entre en vigor en julio de este año. 

Fuentes oficiales confirmaron a este medio que “el acuerdo automotor será un eje clave en la conversación" entre Cabrera y su par brasileño. 

Además, dieron a entender que el Gobierno de Macri no está dispuesto a convalidar una liberación total de las exportaciones e importaciones de autos y componentes, en tanto y en cuanto se pongan en riesgo puestos de trabajo

“Hay muchísimo cuidado, diría una obsesión de la actual gestión por cuidar el empleo industrial. Esta será la prioridad en la negociación”, recalcó la fuente, que sigue muy de cerca la cumbre entre ambos países. 

“A diferencia de lo que se hizo durante la anterior gestión, la idea es conversar, dialogar y apostar fuerte por el relanzamiento de la relación, que tiene muy buenas perspectivas. Pero si algo no se negocia es poner en riesgo los puestos laborales del sector automtoriz”, afirmó de manera categórica. 

Qué es lo que hay en juego
Desde hace años, las operaciones de importación y exportación de vehículos y autopartes entre ambos países se encuentran reguladas en base a una fórmula conocida como “flex”, que siempre fue favorable a la Argentina

¿En qué consiste? El flex es el “número mágico” y el objeto de la discordia entre los funcionarios, ya que es el parámetro de referencia en el que se apoya el comercio administrado. 

En pocas palabras, se trata del nivel máximo de importaciones de vehículos y autopartes por cada dólar exportado que se puede realizar en condiciones de libre comercio bilateral. 

Hasta junio de 2013, dicho parámetro era de 1,95 pero en 2014 el entonces ministro de Economía Axel Kicillof –tras una dura negociación-  logró llevar ese coeficiente a 1,5. 

Esto implica que, en la actualidad:

 Por cada dólar que la Argentina le vende al país vecino en concepto de vehículos y componentes,

 Brasil queda habilitado a exportarle por el equivalente a u$s1,5, libre del pago de tributos. 

Esto protege a la Argentina, porque si las terminales o autopartistas verdeamerelas superan ese tope de 1,5, automáticamente se les aplica  un “castigo”

En el caso de los autos, las operaciones son penalizadas con un arancel cercano al 26%.

Si lo que se ingresan son autopartes, entonces dicho arancel pasa a ser del 24% por cada dólar que supere esa relación de 1,5/1. 

Este convenio -que en 2015 se prorrogó sin ningún cambio porque la Argentina justo estaba ingresando en la etapa de elecciones- es el que ahora debe ser revisado ahora para que entre en vigor a partir del segundo semestre. 

Hasta el año pasado, Brasil había sido contemplativo frente a las urgencias del gobierno kirchnerista.

La prueba es que los negociadores de Rousseff aceptaron un flex que a Brasil sólo le permite exportar un 50% más de autos y componentes cuando la industria vecina, en la práctica, es cuatro veces más grande que la albiceleste. 

La diferencia es que ahora son las empresas brasileñas las que están viéndose severamente castigadas por un histórico desplome de su mercado interno. Por eso las urgencias de Dilma para avanzar con un acuerdo más ventajoso para su país, en detrimento de la Argentina.  

“En los últimos años, el gobierno de Brasil continuamente presionó para liberar el mercado automotor. Pero ahora tienen muchas más urgencias, porque las ventas domésticas se les están derrumbando, lo que les generó un exceso de capacidad fenomenal. En algún lugar tienen que colocar esa producción y por eso están aumentando la presión sobre la Argentina”, afirmó Gonzalo Dalmasso, economista de Abeceb. 

Con una demanda que no para de desplomarse en tierras vecinas, las filiales están ajustando sus programas de producción. Y esto, claramente, preocupa al gobierno de Rousseff. 

Ford Brasil, por ejemplo, tiene parada su planta de Bahía hasta el 29 de febrero; General Motors, en tanto, suspendió las actividades de sus dos fábricas durante tres semanas, mientras que Fiat tuvo que dar vacaciones colectivas para la mayoría de sus empleados desde el 27 de febrero al 15 de marzo. 

Estas medidas tienen como objetivo achicar los stocks de vehículos –que ya equivalen a 40 días de patentamientos - y adecuarse a la nueva realidad: este año, Anfavea -entidad que nuclea a las terminales verdeamarelas-, prevé que se patentarán 2,4 millones de 0Km, y con tendencia a la baja. 

De concretarse, esta cifra implicará un derrumbe del 40% frente al récord logrado apenas cuatro años atrás. 

En este contexto, la liberación del comercio bilateral le permitiría a la industria vecina colocar parte de sus excedentes. De hecho, en momentos de “bonanza”, Brasil llegó a venderle a la Argentina cerca de medio millón de vehículos al año. 

Y si bien ahora la demanda interna también está deprimida –en enero ACARA informó el peor nivel de patentamientos para ese mes desde 2005- los directivos y funcionarios brasileños saben que tienen una carta de triunfo bajo la manga: una mayor competitividad cambiaria. 

La realidad es que fabricar un auto o un componente en la Argentina es mucho más caro que hacerlo en territorio brasileño

Según el economista Mariano Kestelboim, pese al salto del dólar del 50% tras la liberación del cepo, “el costo laboral de la industria nacional todavía duplica al de Brasil”.

Por eso el macrismo, lejos de considerar a un acuerdo de libre comercio como oportunidad, observa a esta avanzada de Rousseff como una amenaza que opera en dos niveles: 

En el corto plazo, la diferencia de competitividad podría alentar a las terminales locales a incrementar las importaciones en detrimento de la producción argentina, ya sea de vehículos como de autopartes.  

En el mediano y largo plazo, liberalizar las exportaciones e importaciones podría implicar que las futuras inversiones que lleguen a la región desde el exterior prioricen radicarse en Brasil, que es un mercado más grande y con costos laborales más bajos. 

Sobre este último punto Dalmasso, “actualmente la diferencia es amplísima a favor de nuestros vecinos. El real se devaluó más de un 60% el último año pero el pase a precios fue de apenas 6 puntos. La Argentina tuvo una devaluación del 50% pero viene de un atraso cambiario muy profundo y todavía falta el impacto de las próximas paritarias”. 

Cuando se generalicen las subas salariales y en la medida en que no se controle la inflación, para el economista, la Argentina podría terminar con una mejora en la competitividad real menor a los 20 puntos, frente a un repunte del 50% en el caso de Brasil

El autopartismo, en alerta
En el caso de las terminales, dado que las marcas poseen filiales de un lado y del otro de la frontera, las operaciones comerciales son intercompany, de modo que los flujos de importaciones y exportaciones en general se digitan desde las casas matrices y con un criterio financiero

De modo que el sector que más se siente amenazado por la avanzada brasileña es el autopartista, un conglomerado conformado en su mayoría por pequeñas y medianas industrias

En diálogo con iProfesional, Julio Cordero, presidente del Grupo PROA, una de las entidades más representativas de esta rama de actividad, adelantó que rechazarán cualquier pedido de liberar el mercado. 

“En el caso de que se llegara a imponer la postura del gobierno brasileño, fabricar autopartes en la Argentina va a pasar a ser demasiado complicado”, afirmó el directivo. 

“No tiene sentido que se plantee este pedido cuando desde hace dos años estamos exigiendo que se corrijan muchas asimetrías que están castigando a la industria nacional”, agregó. 

El temor entre los empresarios es que, mientras que el déficit comercial en el sector autopartista se achicó en 2015 (por la baja en la producción de 0Km), el rojo con Brasil -contrariamente- se amplió, porque cada vez está comprándole menos a la Argentina

De acuerdo con los últimos datos disponibles, correspondientes a los primeros nueve meses del año pasado, el déficit global del sector alcanzó los casi u$s5.000 millones. 

Con un rojo de u$s1.500 millones, el país vecino fue responsable de generar un tercio de dicho déficit. 

De hecho, en la totalidad de los rubros, la Argentina tuvo una relación desventajosa con su socio comercial. Los productos que más desbalance de divisas generaron fueron: 

Transmisión: con una balanza negativa de u$s260 millones

Carrocerías: -u$s190 millones 

Llantas y neumáticos: -u$s176 millones

Componentes de motor: -u$s134 millones. 

Motores: -u$s110 millones. 

“Tenemos un problema y es que todavía faltan definir las paritarias. Para algunas empresas, dependiendo el producto que realicen, el costo laboral puede representar entre el 25% al 50% en la estructura total”, afirmó Cordero. 

“A esto habrá que sumarle las subas de tarifas energéticas que enfrentará la industria en breve y que conforma otra variable de gran peso”, agregó. 

Frente a este cuadro, desde Grupo PROA adelantaron que están trabajando en la preparación de un informe que presentarán en los próximos días a los funcionarios de Producción para que el Gobierno contemple los riesgos que enfrenta el autopartismo

Cordero recalcó además que durante el kirchnerismo nunca se avanzó en el plan para que las terminales incorporen más componentes nacionales

“El contenido local neto y real, hoy está en un 20% promedio. El resto es importado”, sostuvo, para luego afirmar que cualquier pacto que permita a los industriales brasileños ingresar sin restricciones, “deteriorará aun más esa proporción en perjuicio de la industria nacional”. 


 

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